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1- DIALOGOS                    Estar + gerundio

 

 

1.1 Buscando a alguien por teléfono

 

- Laboratorio Petrimex.  Buenas tardes.

- Buenas tardes, hablo del Banco Central. ¿Se encuentra el Doctor López?

- En este momento no puede atenderlo.  Está  hablando por la otra línea.

- ¿Y la gerente de ventas?

- Lo siento, salió.  Está  visitando a un cliente. ¿Quiere Dejar algo dicho?

- Si, por favor, dígale al doctor López que llamó Carlos Porra.

- Muy bien, se lo diré, hasta luego.

 

 

1.2 Dos amigos se encuentran en la calle

 

- Hola, ¿cómo estás? ¡Cuanto tiempo!

- Muy bien, estoy trabajando en un gimnasio. ¿Y tú?

- Bien, muy bien.  Yo también tengo trabajo, por suerte. Estoy enseñando inglés en un instituto.  ¡Ah! Y estoy saliendo con una chica fantástica, Lucía.  La tienes que conocer

 

 

 

 

 

2- PRACTICA DE CONVERSACIÓN                    Estar + gerundio

 

 

Cada una de estas personas tiene un trabajo, pero no todas están trabajando en este momento. Mira las fotos y cuenta qué hacen en su trabajo y qué están haciendo en este momento:

 


2.1 - Andrea es estudiante, todos los días va a la Universidad. Ahora está descansando en el patio de su casa.

 

 

 

2.2 - Daniel es pintor. Todos los días…..   Ahora…..

 

2.3 - Mariana es dentista…

 

 

 

2.4 - Pedro y Susana son enfermeros…..

 

 

2.5 - Luisa es ama de casa….

 

 

Silvia y Jorge son diseñadores gráficos…

 


 

 

 

 

3- LECTURA                       El uso del pasado

 

3.1- Lectura

Discúlpeme por llegar tarde Sr. Gutierrez. Es que me pasó algo terrible. Resulta que anoche me quedé despierta hasta muy tarde terminando su informe. Por eso, esta mañana no escuché el despertador y me quedé dormida . Salí de casa con tanta prisa que no revisé si llevaba todas mis cosas. Solamente cuando estaba en el autobús me di cuenta de que no tenía dinero. Entonces me puse a discutir con el conductor, que me acusó de querer viajar sin pagar. Yo, que estaba muy nerviosa, me puse a gritar. De pronto, una señora en el fondo se cayó. El conductor estaba tan ocupado discutiendo conmigo que dejó de mirar por dónde iba. Ya estábamos a punto de chocar contra otro auto que estaba parado delante nuestro. Por suerte, el señor pudo frenar; pero todo el mundo se enojó con nosotros. El conductor me hizo bajar y yo le dije que iba a llamar a la policía…

 

 

 

3.2 – Lectura

Querida Luciana:

No vas a creer lo que me pasó ayer!  Después de buscar trabajo durante dos meses, finalmente conseguí una entrevista en un canal de televisión.  El aviso pedía una persona con mucha experiencia, así que en mi carta de presentación mentí un poco y puse algunas referencias inventadas.  Bueno, resulta que la noche anterior casi no dormí porque estaba muy nerviosa.

Por la mañana me levanté‚ muy cansada, les serví el desayuno a los niños y salí de casa.  Tenía mucho tiempo, así que en lugar de coger el autobús preferí caminar.  Llegué diez minutos antes de la hora y tomé el ascensor.  Era un ascensor muy pequeño y había mucha gente.  De repente, las luces se apagaron y el ascensor se detuvo. ¡Estuvimos una hora encerrados!

Finalmente vino un técnico de la empresa y nos ayudó a salir.  Entonces pedí un vaso de agua y pregunté por mi entrevista.  Por suerte, el gerente de recursos humanos se enteró del problema y me concedió una nueva entrevista, el lunes de la semana que viene.  Su oficina es en el piso 14, pero igual voy a subir por la escalera.  Después te llamo por teléfono y te cuento un poco más.  Besos, Carmen

 

 

 

3.3 - Lectura

 

En 1937 encontré mi primer empleo estable.  Anteriormente había hecho pequeñas tareas de redacción.  Todos habían sido trabajos mal pagados, y desde hacía mucho tiempo estaba ya en edad de contribuir con los gastos de la casa.  A través de amigos, conseguí un puesto de auxiliar primero en la sucursal Miguel Cané de la Biblioteca Municipal, en un barrio gris y monótono hacia el sudoeste de la ciudad.  El sueldo era de doscientos diez pesos mensuales, que después aumentaron a doscientos cuarenta.  En la biblioteca trabajábamos muy poco. Éramos alrededor de cincuenta empleados, haciendo lo que podrían haber hecho quince con facilidad.  Mi tarea, compartida con otros veinte compañeros, consistía en clasificar los libros de la biblioteca que hasta ese momento no habían sido catalogados.  Sin embargo, la colección era tan reducida que podíamos encontrarlos sin necesidad de recurrir al catálogo, que elaborábamos con esfuerzo pero nunca usábamos porque no hacía falta.

Resistí en la biblioteca nueve años.  Fueron nueve años de continua desdicha.  Los empleados sólo se interesaban en las carreras de caballos, los partidos de fútbol y los chistes verdes. Aunque resulte irónico, en esa época yo era un escritor bastante conocido, salvo en la biblioteca.  Una vez un compañero encontró en una enciclopedia el nombre de un tal Jorge Luis Borges y se sorprendió de la coincidencia de nuestros nombres y fechas de nacimiento. Cada tanto, los trabajadores municipales éramos premiados con un kilo de yerba.  De noche, mientras caminaba las diez cuadras hasta la parada del tranvía, se me llenaban los ojos de lágrimas.  Esos pequeños regalos de arriba marcaban mi vida sombría y servil.  Durante un par de horas diarias, mientras viajaba en tranvía, leía La Divina Comedia ayudado hasta el "purgatorio" por la traducción en prosa de John Aitken Carlyle.  Después continué el ascenso solo.

Hacía todo el trabajo de la biblioteca en una hora y después me escapaba al sótano,  donde pasaba las otras cinco horas leyendo o escribiendo.  Así leí los seis volúmenes de la Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano, de Gibbon y la Historia de la República Argentina de Vicente Fidel López.  Leí a Leen Bloy, a Claudel, a Groussac y a Bernard Shaw.  Durante las vacaciones traducía a Faulkner y a Virginia Woolf.  En cierto momento fui ascendido a las vertiginosas alturas del puesto de oficial tercero.  Una mañana mi madre me llamó por teléfono y pedí permiso para volver a casa.  Llegué apenas a tiempo para ver morir a mi padre.